domingo, 1 de julio de 2012

5.1 Sócrates y Los Sofistas

Porque no tenía escuela según los cánones tradicionales; porque se interesaba por la educación; porque enseñaba fundamentalmente a través de la palabra, y dando importancia a la misma; porque hablaba sobre cualquier tema; porque los jóvenes, respetuosos, lo seguían, seducidos por su conversación; porque su interés era antropocéntrico, considerando al hombre en sí mismo y dentro de la pólis, por todo ello se lo consideró -y se lo confundió- con los sofistas. Pero así como las similitudes señaladas permiten dicha consideración, las diferencias hacen que debamos tenerlo como un personaje con fisonomía propia, y única.
En efecto, los sofistas venían de otras ciudades, precedidos por su fama (y de no existir ésta, se daban prisa en crearla y agrandarla por diversos medios) y rodeados por un cerrado círculo de discípulos; daban sus clases en la casa particular o en lugares improvisados a jóvenes de clase acomodada, que podían pagarlas, y prometían fundamentalmente fama y éxito, alcanzables por el dominio de la palabra. No así Sócrates.
¿Qué hacía Sócrates? Nos lo explica él mismo, enfrentado a sus jueces que lo condenaron a muerte:
"SÓCRATES: Atenienses, os respeto y os amo, pero obedeceré al dios antes que a vosotros y, mientras viva, no dejaré de filosofar, de exhortaros y de instruir a todo el que encuentre, diciéndole como acostumbro: Querido amigo, eres ateniense, ciudadano de la ciudad más grande y famosa del mundo por su sabiduría y su poder, ¿y no te avergüenzas de ocuparte tan sólo de acrecentar tu fortuna, prestigio y honor, dejando de lado enteramente el conocimiento del bien y de la verdad, y sin dedicarte a hacer que tu alma sea lo mejor posible? Y si alguno de vosotros lo niega y sostiene que se preocupa por el estado de su alma, no le diré que no es así, pero en lugar de seguir tranquilamente mi camino lo interrogaré, lo examinaré, lo refutaré; y si encuentro que no tiene areté alguna sino que tan sólo la aparenta, lo increparé diciéndole que tiene por nada lo más valioso, en tanto que respeta lo que ningún respeto merece.
Esto lo haré con jóvenes y ancianos, con los ciudadanos y con los extranjeros: pero principalmente con los habitantes de esta ciudad, porque son los más cercanos a mí. Pues sabed que así me lo ha ordenado el dios, y estoy persuadido de que nuestra ciudad no ha gozado hasta el presente de mayor bien que este servicio que yo presto al dios.
Todo mi cuidado se reduce a ir de aquí para allí, persuadiendo a jóvenes y viejos de que no se preocupen tanto de su cuerpo y de su fortuna, como de su alma y de su perfeccionamiento: porque la virtud no viene de las riquezas sino éstas de aquélla, y en ella tienen su origen todos los bienes, tanto públicos cuanto privados".




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