Sócrates parte del concepto griego de hombre, como
naturaleza en la que cuerpo y alma se integran armónicamente entre sí,
resultando así el cuerpo, espiritualizado, y el alma, partícipe del cosmos
material. Conceptos originalmente válidos para el mundo de lo corpóreo belleza
de la forma, disposición de las partes, medida, orden, proporción- se
extrapolarán al mundo del alma, en tanto que otros, tomados del obrar humano
justicia, templanza, piedad se predicarán análogamente de la naturaleza
material. No hay oposición sino equilibrio, simetría de partes: una concepción
típicamente griega, en todas sus realizaciones. El obrar de una naturaleza así
concebida -el obrar humano [la ética]- debe expresarla:
"En el sentimiento profundo de la armonía entre
la existencia moral del hombre y el orden natural del universo [en esto
consiste la felicidad o eudaimonía], Sócrates coincide plena e
inquebrantablemente con la conciencia griega de todos los tiempos anteriores y
posteriores a él. La nota nueva que trae Sócrates es la de que el hombre no
puede alcanzar esta armonía (...) por medio del desarrollo y la satisfacción de
su naturaleza física, por mucho que se la restrinja mediante vínculos y
postulados sociales, sino por medio del dominio completo sobre sí mismo con
arreglo a la ley que descubra indagando en su propia alma" .
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